LA PEDAGOGÍA IGNACIANA EN AMÉRICA LATINA

APORTES PARA SU IMPLEMENTACIÓN

1993

 

INTRODUCCIÓN

PEDAGOGÍA IGNACIANA APORTES LATINOAMERICANOS

I. EL PARADIGMA PEDAGÓGICO IGNACIANO ..

1. CONTEXTUALIZAR LA REALIDAD

2. EXPERIMENTAR

3. REFLEXIONAR

3.1. ENTENDER

3.2. JUZGAR (VERIFICAR)

4. ACCIÓN

4.1. LA DECISIÓN

4.2. LA OPERACIONALIZACIÓN

5. EVALUACIÓN

5.1. REVISIÓN DE PROCESOS

5.2. PONDERACIÓN Y PERTINENCIA DE RESULTADOS

5.2.1. —PONDERACIÓN DE LOS OBJETIVOS CONSEGUIDOS

5.2.2. —PERTINENCIA DE LOS RESULTADOS

II. LOS SUJETOS DEL PARADIGMA

 

III. EL PARADIGMA IGNACIANO A NIVEL INSTITUCIONAL

INTRODUCCIÓN

3.1. EL FIN EXTERNO DE NUESTROS COLEGIOS

3.2. LA ESTRATEGIA DEL CAMBIO: ORGANIZAR LA TRASFORMACIÓN DE LOS PROCESOS EDUCATIVOS

3.2.1. EL PUNTO DE PARTIDA DEL CAMBIO: ES EL RECONOCIMIENTO DE QUE HAY PROBLEMAS

LA EXPERIENCIA DEL CONTEXTO

3.2.2.La organización de los procesos

LA REFLEXIÓN

3.3. LA FORMACIÓN DE LAS PERSONAS RESPONSABLES DEL CAMBIO

ANEXO 1

NOTAS AL PARADIGMA IGNACIANO

1. Desde la perspectiva del carisma ignaciano

2. Fe, Justicia y Discernimiento en el Paradigma Ignaciano

3. Desde la Antropología Filosófica

 

ANEXO 2

ESTRATEGIAS DE IMPLEMENTACIÓN DEL PPI EN América Latina

APLICACIÓN DEL PPI AL PROCESO DE CAMBIO INSTITUCIONAL

1. LA ESTRATEGIA CENTRAL

2. LAS FASES Y ETAPAS DEL PROCESO

2.1. LA FASE DEL DIAGNÓSTICO

2.1.1. Etapa de definición de variables

2.1.2. Etapa de recogida de datos

2.1.3. Etapa de ‘Procesamiento de datos y redacción del informe’

2.2. FASE DEL PLAN DE OPTIMIZACIÓN

2.2.1. Entrega y análisis del diagnóstico

2.2.2. Formulación del plan de optimización

2.3. FASE DE APLICACIÓN

 


 

LA PEDAGOGÍA IGNACIANA EN AMÉRICA LATINA

APORTES PARA SU IMPLEMENTACIÓN

1993

El presente documento fue elaborado por los Delegados de Educación de la Compañía de Jesús en América Latina, a partir de su XIV Reunión Regional Anual, celebrada en mayo de 1991 en Checa, Ecuador, y aprobado finalmente en la XVI Reunión Regional Anual celebrada en Cali, Colombia, en junio de 1993.

INTRODUCCIÓN

La publicación de las Características de la educación de la Compañía de Jesús (1986) fue recibida muy positivamente en todas las instituciones educativas de los jesuitas. En ellas queda definida la identidad de tales instituciones de la Compañía en los tiempos de hoy.

Esas directrices y orientaciones fueron luego especificadas y traducidas en cada provincia, según los desafíos y las necesidades del propio contexto local, nacional y regional. De ahí surgieron los propios “Planes apostólicos”, “Proyectos educativos”, “Propuesta del centro” o “Carta de principios”. Mediante tales documentos de promovió la divulgación y paulatina asimilación de las Características en los diversos centros de educación.

En el proceso de su aplicación concreta, se ha experimentado, sin embargo, la necesidad de una metodología más específica y operativa. Para responder a tal necesidad, ICAJE, bajo la coordinación del P. Vincent Duminuco, Secretario General para el Apostolado Educativo, ha elaborado el documento Pedagogía Ignaciana: un planteamiento práctico (Ignatian Pedagogy: a Practical Aproach), de próxima publicación. Tal documento supone, obviamente, que en cada región se habrán de hacer todavía las adaptaciones culturales pertinentes.

Los Delegados de Educación de las Asistencias de la Compañía de Jesús en América Latina, deseosos de asumir tal responsabilidad y de impulsar esa tarea en continuidad y coherencia con esos dos documentos, ofrecen con estos Aportes las líneas fundamentales para la adaptación e implementación práctica en nuestras instituciones educativas de este continente.

PEDAGOGÍA IGNACIANA

APORTES LATINOAMERICANOS

El documento elaborado por el ICAJE es para todos nosotros el marco de referencia compartido con las otras regiones de la Compañía de Jesús en el mundo. Al realizar ahora un primer esfuerzo por adaptarlo a nuestro propio contexto, señalamos como elementos específicos en América Latina y como algo que nos debe guiar en la aplicación progresiva de la pedagogía ignaciana los siguientes puntos:

a)      La referencia explícita a nuestro propio contexto y la invitación a asumirlo como referente en nuestras planeaciones y en nuestro trabajo educativo.

b)      El retomar la experiencia vivida en este Continente durante las últimas décadas: en estos años ha habido un fructuoso esfuerzo por aprender a descubrir al Señor en los rostros sufrientes del continente. Esta tarea nos ha lleva-do a unir el análisis de la realidad con el discernimiento apostólico. En ese esfuerzo descubrimos que el paradigma pastoral propuesto por la conferencia episcopal en Medellín (ver-juzgar-actuar) se enriquece y aclara median-te los cinco pasos con que resumimos el proceso paradigmático de los ejercicios.

c)      La decisión de enmarcar el trabajo de nuestras instituciones educativas dentro del conjunto del Plan Apostólico de cada una de nuestras Provincias, dispuestos al mutuo apoyo y colaboración que eso requiere con las demás áreas de nuestro trabajo.

 

La intención fundamental de las presentes páginas es sugerir caminos concretos y adaptados a nuestra realidad Latinoamericana, de modo que en nuestros colegios y en todas las formas de nuestro servicio educativo se logren la renovación y los cambios necesarios de la institución, de las personas y de la práctica educativa.

Tres son los presupuestos fundamentales de estos Aportes:

Primero, el fin de todo el servicio educativo de la Compañía de Jesús, derivado de la misión del servicio de la fe y de la justicia, es impulsar la formación de las personas que constituyen la comunidad educativa, para que todos podamos cooperar a la trasformación de nuestra realidad social, en justicia, amor y verdad.

Segundo, para encaminarnos a tal tarea, el proceso pedagógico ha de inspirar y dinamizar los cuatro elementos que definen toda institución educativa: sus objetivos y políticas generales; la formación de las personas y sus relaciones interpersonales; la estructura organizacional; los procesos administrativos y las técnicas educativas. Se subraya así que las orientaciones y propuestas de las Características y del planteamiento práctico son aplicables no sólo en el trabajo académico y el aula, sino en todos los ámbitos que comprende una labor educativa.

Tercero, para lograrlo, hay que echar mano de una metodología cabal, que se define en tres campos fundamentales:

  1. La formulación de los objetivos, opciones y presupuestos teóricos que lo inspiran.

  1. La explicitación de los caminos, llamados frecuentemente “paradigmas”, con los que se procede para obtener tales objetivos.

  1. La proposición de técnicas, mecanismos e instrumentos que permitan llevar a la práctica el paradigma elegido.

Las Características de la educación de la Compañía de Jesús exponen ampliamente los objetivos, opciones y presupuestos. El documento Pedagogía Ignaciana: un planteamiento práctico sugiere, en sus diversos apéndices, algunas técnicas y mecanismos operativos, a nivel de ejemplo.

Prestamos ahora especial atención al paradigma porque en él se descubre el proceso que puede guiar operativamente toda nuestra actividad en cada uno de los cuatro elementos que define la institución educativa. Las técnicas y recursos con que se vive cada paso del paradigma pueden ser múltiples, unos más aptos para unas personas u otras, para un tiempo u otro. Sin la referencia unitaria que da el paradigma, podemos caer en un mero mecanismo repetitivo, impersonal, e infructuoso.

En estas páginas de Aportes presentamos tres capítulos básicos y dos anexos:

I. El Paradigma Pedagógico Ignaciano.

II. Los sujetos del Paradigma.

III. El Paradigma Ignaciano al nivel institucional.

  1. Nivel de objetivos
  2. Organización institucional
  3. Formación del sujeto

Anexo 1: Presupuestos del Paradigma Ignaciano

Anexo 2: Estrategia para su implementación en América Latina.

Con estos Aportes se propone un camino, es decir un paradigma que, desde el contexto de la propia historia, busca llegar a la acción que exige el servicio y el seguimiento de Jesús en nuestros días.

Pretenden asumir la pedagogía que surge de la espiritualidad ignaciana tal como ha quedado configurada en la vida y documentos de San Ignacio, como la Autobiografía, las constituciones, el Diario Espiritual, las cartas, y, sobre todo, en los Ejercicios Espirituales, que inspira lo demás.

Estas notas están destinadas, ante todo, a los mismos delegados o secretarios de Educación de las diversas provincias y países de América Latina, a los rectores, responsables y colaboradores de cada uno de los colegios e institutos de educación formal en que trabaja la Compañía de Jesús, y a cuantos prestan su servicio en las obras de educación y promoción social que se inspiran en la experiencia de San Ignacio. Pensamos que pueden ser aplicables en la organización y realización de eventos de formación de adultos, educadores, funcionarios, padres de familia y exalumnos.

Es cierto, como lo subraya el documento Paradigma Ignaciano, que la “Pedagogía ignaciana, está inspirada por la fe. Pero incluso aquellos que no comparten esta fe pueden hallar experiencias válidas en este documento, porque la pedagogía inspirada por San Ignacio es profundamente humana y consecuentemente universal”.

Como los anteriores documentos, también éste habrá de quedar sujeto a una adaptación y evaluación ulterior, sobre la base de la experiencia que vaya dándonos su aplicación concreta. En esto hemos de tener particularmente en cuenta, como hemos dicho, la autobiografía de San Ignacio, las Constituciones, y los demás documentos, como la Ratio Studiorum, con que se desarrolla y expresa la Espiritualidad Ignaciana y el modo de proceder en el servicio educativo a lo largo de la historia.

I. EL PARADIGMA PEDAGÓGICO IGNACIANO

La Espiritualidad Ignaciana es esencialmente humanizadora. El padre maestro Ignacio concibe el proceso de santificación vinculado al proceso simultáneo de perfeccionamiento humano.

El P. Peter Häns Kolvenbach, hablando del Humanismo Cristiano de Ignacio y de la tradición de la Educación Jesuítica desde el Siglo XVI, dice: “esta forma de entender la relación de Dios con el mundo implica que fe en Dios y afirmación de todo lo que es verdaderamente humano son inseparables una de otra... Fe y promoción de lo humano van de la mano”.

El proceso de conversión-santificación y el proceso pedagógico van así unidos.

El paradigma (camino) de la Pedagogía Ignaciana es la estrategia que eligen los educadores y los educandos:

  1. Para redescubrir su propia realidad personal y “ordenarla” (EE. Nº 1) mejorándola progresivamente hasta la plenitud;
  2. Para reubicarse en la realidad envolvente en el mundo, y ser el “instrumento apto en las manos de Dios” y trasformarlo.

Es una mediación entre los “sujetos” y el “mundo”.

Es un instrumento para la mejor interpretación de la realidad y para el cambio.

Es un proceso (psicosocial) que inspirado en la espiritualidad ignaciana, la encarna en nuestra pedagogía.

El Paradigma Pedagógico Ignaciano es un proceso, consciente y dinámico, que se realiza en cinco etapas, sucesivas y simultáneas, porque cada una de ellas se integra con las demás, de tal manera, que se afectan e interactúan durante todo su desarrollo.

La aplicación de este proceso pedagógico no se refiere exclusivamente al proceso educativo a nivel del aula y de la relación educador-educando; es necesario aplicarlo también a todo el entorno institucional que lo soporta ya que de lo contrario podría darse el peligro de contradecir institucionalmente lo que se pretende lograr. Toda la institución educa.

Las cinco etapas o pasos del Paradigma son:

1.       Situar la realidad en su contexto.

2.       Experimentar vivencialmente.

3.       Reflexionar sobre esa experiencia.

4.       Actuar consecuentemente.

5.       Evaluar la acción y el proceso seguido

1. CONTEXTUALIZAR LA REALIDAD

Es poner el tema, el hecho y sus protagonistas en su realidad, en sus circunstancias.

La contextualización consiste en situar en su circunstancia al sujeto y a aquel aspecto de la realidad que se quiere experimentar, conocer, apropiar y trasformar. Precisamente, el punto de arranque para San Ignacio es situarse en la “vera historia”, es decir, enfrentar la realidad. Tal contexto supone ver los condicionamientos sociales, económicos, políticos y culturales, que pueden distorsionar la percepción y comprensión de la realidad, el dinamismo de la fe y la situación personal del individuo.

La contextualización puede hacerse en el sitio “in situ” o “a distancia”. No cabe duda que la mejor manera de contextualizar es hacerlo en el lugar, recomponiendo allí los hechos, viendo allí a los protagonistas y circunstanciando allí el tema.

Así hacen los jueces cuando reconstruyen un accidente o un delito, presunto o real. Eso es lo que hizo San Ignacio cuando viajó a Tierra Santa, y allí, en su lugar, contemplaba los hechos y las palabras de Jesús, observando hasta los más mínimos detalles, por ejemplo, cómo eran y en qué dirección estaban las huellas de los pies de Jesús.

Pero no siempre ni todo se puede contextualizar en el mismo sitio donde se produjeron o producen los hechos, donde actuaron o actúan los protagonistas.

Por eso, San Ignacio propone y pide al ejercitante la otra alternativa: contextualizar a distancia.

La distancia física, incluso el cambio de ambiente y lugar para hacer los ejercicios (cuando éstos no son en la vida diaria) no le eximen al ejercitante de contextualizar. San Ignacio le pide como primer paso de la contemplación que haga “la composición de lugar”, y en él ubique a los protagonistas, los hechos (lo que hace), sus palabras (lo que hablan), etc.

El maestro, si no lleva a los alumnos a los barrios marginales, a las fábricas, a las instituciones y lugares cuyos protagonistas y hechos nos interesan, puede hacerlo alternativamente en el aula.

La composición de lugar, la contextualización, será, entonces, un ejercicio intencional y consciente que dará realismo e iluminará el sentido original de los hechos, sus protagonistas y sus temas.

Se trata, por tanto, de un ejercicio en el que priman los lenguajes que activan la imaginación y la capacidad de reconstruir y visualizar el lugar y las circunstancias, donde se produjeron o producen los hechos y actuaron o actúan sus protagonistas.

Desde un principio la comunidad cristiana vivió este dinamismo de asumir e interpretar su propio contexto histórico y sólo así pudieron prestar su servicio. Este es el significado siempre nuevo de la encarnación: “y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Así, el seguimiento de Jesús es histórico y ocurre en una situación concreta.

El contexto latinoamericano en que actualmente la comunidad vive, puede describirse, por ejemplo, de la siguiente manera: Nuestras sociedades se enfrentan actualmente a un proceso pluriforme, complejo, antagónico, pluricultural y secularizante. Ante grupos humanos extraordinariamente ricos, millones de hombres padecen el hambre, la miseria, la violencia. A pesar de la búsqueda por salvaguardar el derecho y la paz, la vida se ve amenazada porque el hombre parece haberse convertido en el mayor depredador del hombre y del planeta.

También se constata, cada vez más, una fuerte despersonalización, en que el hombre ya no es él en sí mismo sino un número más de estas grandes sociedades. La Iglesia, por siglos centro de inspiración dominante, es actualmente mirada como una institución marginal donde su voz es una más entre otras y, por lo tanto, ya no es la única y la definitiva.

Ignacio visualizó un mundo semejante, pero su mirada de la realidad no lo llevó a la desesperanza, sino al descubrimiento de cómo Dios actúa en la historia de los hombres y de los pueblos. El proceso pedagógico de San Ignacio comienza por enfrentar la realidad, descubrir las causas del mal y la injusticia y dejarse llevar por la fuerza del “Espíritu de vida”.

Así también al nivel del individuo, Ignacio antes de empezar a acompañar a una persona en los Ejercicios Espirituales, se dio cuenta de lo importante que era para ella estar abierta a los movimientos del Espíritu, si había de obtener algún fruto del proceso que se disponía a iniciar. Basado en este conocimiento previo Ignacio se formaba una idea sobre la aptitud del ejercitante para comenzar la experiencia; sobre si esa persona sacaría provecho de los Ejercicios completos o sería preferible una experiencia abreviada.

De la misma manera, la atención personal, que es una característica distintiva de la educación jesuita, requiere que el profesor conozca la vida, los sentimientos, las inquietudes, los intereses de sus alumnos, conozca el contexto concreto en el que tiene lugar el enseñar y el aprender.

Para esto último el docente debe ser capaz de reconocer los diferentes ritmos y los diversos estilos de aprendizaje de sus estudiantes y sus diversos tipos de inteligencias. Debe ser capaz de clasificar los tipos de nociones propuestos en el programa de su materia o disciplina, sea por su grado de complejidad o abstracción, sea por su ubicación dentro de una determinada taxonomía, sea por su naturaleza en sí: nociones que pueden ser descubiertas por el alumno o reveladas o que precisan ser enseñadas por el docente. Ubicar el aprender y el enseñar en su contexto también significa que el profesor coloque atención y aproveche las diferentes vías de acceso al aprendizaje: la sensación, la emoción, el sentimiento, la intuición y la razón. Con estos datos, el docente sabrá qué experiencias diseñar para obtener un mayor provecho académico, tanto cuantitativo como cualitativo.

Al nivel de la institución es preciso contextualizarla de manera similar para llegar en un momento dado a descubrir las posibles influencias de los condicionamientos sociales en ella, en su estructuración en los estilos de gestión y en el tipo y calidad de las relaciones interpersonales de todos los miembros de la comunidad educativa y, por otro lado, de qué manera la institución educativa incide o puede incidir en la realidad social más amplia.

2. EXPERIMENTAR

Aunque esta expresión es muy rica y en el uso común encierra múltiples significados1, dentro del Paradigma asume un sentido preciso que es necesario explicar.

Enfrentado el propio contexto —“La vera historia”— San Ignacio invita a que quien se ejercita (en nuestro caso, alumnos, profesores, la comunidad educativa toda) “sienta internamente” lo que ve, mira, contempla. Esto lleva a experimentar, a sentir tristeza, vergüenza, confusión ante el mal; gozo, impulso para entender dónde y por qué se experimenta eso; deseo de seguir adelante; anhelo de encontrar cómo salir de tal situación o cómo responder ante tanto bien recibido.

La experiencia, en este sentido, es la apertura radical del sujeto a toda la realidad. Es toda forma de percepción tanto interna como externa. La experiencia es la noticia informe y previa, carente aún de cualquier significado que puede emerger. Dejar de ser experiencia en el momento en que es entendida, cuando la persona se responde a la pregunta que la impulsa a sentir, a imaginar, a inquirir, a buscar. En este nivel del Paradigma, el sujeto está presente a sí mismo en cuanto mero receptor de datos, de sus propias operaciones sensibles y afectuosas.

En este nivel, la persona estrictamente hablando, no sabe de qué se trata lo que está sintiendo, percibiendo, registrando.

La experiencia es conditio sine qua non de todo conocimiento humano.

Los cauces de esa experiencia son los que comúnmente llamamos “sentidos”: ver, oír, oler, gustar, y tocar, además del propio sentir interno de sí mismo, surgido de esas mismas sensaciones externas, de la memoria, la imaginación, la afectividad.

Por lo tanto, la tarea educativa fundamental en este nivel de conciencia consiste en desarrollar, en la persona, la capacidad de atender, de estar atento a percibir la realidad y los fenómenos que están ocurriendo.

1 Usamos la palabra experiencia para expresar sabiduría, familiaridad con un determinado campo de la vida años de quehacer acumulado en un oficio, así decimos: la experiencia es madre de la ciencia; la voz de la experiencia; a la luz de la experiencia; después de una larga experiencia; con 50 años de experiencia, etc.

3. REFLEXIONAR

Este tercer elemento del Paradigma es el que más propiamente recoge la actividad intelectual. Es el lugar en que se da la apropiación y por ende su humanización.

En los Ejercicios, este paso se designa como Reflectir. Con este ejercicio o paso se impulsa el preguntarse qué es lo que se ha vivido en la experiencia, cuál es su significado, qué relación tiene con cada una de las dimensiones de nuestra vida y de la propia situación.

La psicología del pensamiento y/o de la inteligencia ofrece actualmente muchas teorías sobre la reflexión. El tema está cada día más desarrollado y sigue siendo debatido e investigado.

La pedagogía, sirviéndose de la sicología como ciencia auxiliar, ha incorporado ya algunas de ellas con diferentes resultados.

Siendo conscientes de ello y teniendo en cuenta que San Ignacio hace pasar al ejercitante por diversos modos y clases de reflexión, hemos decidido referirnos solamente a dos manifestaciones básicas de la reflexión Ignaciana, para facilitar la comprensión del Paradigma y evitar entrar en debates de teorías y corrientes psicológicas.

Entre los procesos de reflexión, distinguimos dos operaciones fundamentales: entender y juzgar.

3.1. ENTENDER

Entender es descubrir el significado de la experiencia. Es establecer las relaciones entre los datos vistos, oídos, tocados, olfateados, etc. Es el chispazo que ilumina lo que se presentaba en penumbras, en la percepción sensible.

Entender es lo que permite al sujeto conceptuar, formular hipótesis, conjeturas, elaborar teorías, definiciones, suposiciones.

Partiendo de la experiencia como requisito indispensable e impulsado por el dinamismo intencional de su conciencia, el sujeto accede a un nivel superior en el proceso del conocimiento: el de la intelección.

Entender es un punto de llegada para las preguntas que surgen de la experiencia, pero es un punto de partida para la reflexión que busca la verificación, la certificación, de que se ha entendido correctamente.

La persona entiende cuando puede responder a la pregunta: ¿Qué es esto? ¿Por qué es así?

La inteligencia humana le sale al paso activamente a todo contenido de la experiencia, con la perplejidad, la admiración del ímpetu, la intención de descifrarlo, de codificarlo, de entenderlo.

Para tener un chispazo inteligente sobre qué es “entender”, se tiene que estar dentro del proceso de aprender, o al menos, se tienen que actualizar en uno mismo, procesos previos de aprender.

El entender requiere: a. La autenticidad para reconocer que la persona está ante algo que no entiende; b. una atención cuidadosa a las ocasiones en que uno mismo ha entendido o no ha podido entender y, c. el uso repetido de experimentos personales en los que, al principio, uno está genuinamente intrigado y luego comprende.

La tarea educativa fundamental para utilizar este nivel de conciencia, consiste en asumir los dinamismos de nuestro proceso intelectivo: se aprende a ser inteligente.

3.2. JUZGAR (VERIFICAR)

La segunda operación de la mente humana contenida en el término reflexionar del paradigma, es la de juzgar. Emitir un juicio es verificar la adecuación entre lo entendido y lo experimentado; entre la hipótesis formulada y los datos presentados por los sentidos.

Así como la experiencia estimula el inquirir, y el inquirir es la inteligencia que se pone a sí misma en acto, el concepto en que se formula el significado estimula a la reflexión que es la exigencia consciente de la racionalidad; ella la ordena y la sopesa, ya sea para juzgar y completar el proceso, o para dudar y así renovar el inquirir.

Mediante el juicio, la persona accede al ámbito de la verdad, de la objetividad, de los valores, conocidos como tales. Un juicio verdadero ofrece a la verificación de los otros el contenido de lo que afirma o niega independientemente del sujeto en el que se gestó ese conocimiento.

Con el juicio se completa el proceso del conocer humano, porque no basta la combinación de las operaciones de los sentidos (experimentar) y del entender.

Por el juicio puede descubrirse y valorarse la distinción entre el hecho y la ficción, la lógica y el sofisma; el juicio permite valorar lo que aportan al cono-cimiento racional o simbólico la filosofía y el mito, la historia y la leyenda; el juicio posibilita comprender y diferenciar la astronomía y la astrología, la química y la alquimia, la medicina profesional y la popular.

Con el juicio emerge un nivel de conciencia superior al del entender: el de la reflexión crítica.

El sujeto accede a él cuando puede responderse a la pregunta ¿es realmente así? La respuesta, el juicio, se expresa en su forma más lacónica por la expresión: Sí o No.

Sin embargo el conocer humano no se puede poner en el juzgar excluyendo el experimentar y el entender. Hacer juicios independientemente de toda experiencia es hacer a un lado los hechos y olvidarse del contexto y de la realidad.

La formación crítica en la educación consiste, por tanto, en aprender a respetar las exigencias de la verificación: cuidar que se cumplan las condiciones para que una intelección pueda constituirse en realidad afirmada.

4. ACCIÓN

El proceso que vamos describiendo quedaría truncado si terminara en el entendimiento, la verificación y el juicio crítico sobre la materia o experiencia estudiada. El aporte decisivo de la Pedagogía Ignaciana consiste en desafiar a la persona a dar un paso más: asumir una postura personal frente a la verdad descubierta, revelada o construida y a actuar en coherencia con ella.

La acción es entendida como la manifestación operativa de una decisión libremente asumida para la trasformación de la persona y de la realidad institucional y social en que vive.

Dentro del paradigma, esta definición de la acción, como su cuarta etapa, se operacionaliza en dos momentos:

4.1. LA DECISIÓN

Aunque el proceso del conocer humano, ingrediente sustancial y constitutivo del paradigma ignaciano, quede cabalmente realizado con el juicio, el dinamismo de la conciencia no termina ahí. La afirmación o negación que constituye el juicio como expresión de la reflexión crítica, es el soporte de un ulterior nivel de conciencia: ante la verdad el sujeto se revela, emerge como persona responsable y libre. Se revela una creación original.

La persona es convidada a tomar una decisión sobre qué hacer con la verdad conquistada durante su proceso personal de aprendizaje. Para ello, pondera diversas alternativas de acción, elige lo que quiere realizar y mueve su voluntad para efectuarse libremente por aquella alternativa que percibe como la más conducente para alcanzar el fin que pretende.

Ignacianamente, para decidir con rectitud se requiere deliberar, es decir, ponderar las razones en pro o en contra de cada una de las alternativas y los movimientos o mociones que se experimentan en cada una de ellas. Tras esta deliberación quien se ejercita debe elegir y someter luego su elección a la confirmación. Las meditaciones de Dos Banderas (EE. nn.135 ss.), Tres Binarios (nn. 149 ss.), Tres grados de Humildad (nn.164 ss.), y las Reglas de Elección en los diversos tiempos espirituales (nn.169 ss.) son, en este momento, la referencia que se necesita para comprender la riqueza de este paso del Paradigma.

Libremente el sujeto hace de sí mismo lo que es él; nunca en esta vida estará terminada su obra, siempre se halla en proceso, siempre se trata de un logro precario, del que puede resbalarse, caer, despedazarse.

En este nivel, el dinamismo de la conciencia se manifiesta ya no por el deseo de conocer y de conocer correctamente, sino como el eros del espíritu humano que abraza la realidad humana para trasformarla porque la ama.

Este es el nivel de la decisión auténtica, objetivo y fin de los Ejercicios ignacianos.

Desde una perspectiva humana, el nivel de la elección explícita los imperativos éticos de la persona, su dimensión axiológica.

Desde una perspectiva cristiana nos encontramos ante la tarea de buscar y hallar la voluntad de Dios.

En ambos casos se trata de liberar nuestra libertad para elegir auténticamente; para el cristiano, es la vida en el Espíritu. El discernimiento es la metodología elaborada por Ignacio para realizar este proyecto.

Decidir es trascender la reflexión crítica, la verdad descubierta, por el bien amado, por el valor. Decidir es operativizar el auténtico ser del hombre: “ser para los demás”. Decidir es asumir la visión del mundo que resulta del experimentarnos amados por Dios-Fe para trasformar la realidad con criterios de justicia, hacia la implantación del reino.

En este nivel la tarea educativa fundamental es el desarrollo de la libertad y de la responsabilidad.

4.2. LA OPERACIONALIZACIÓN

Luego pasa a la concretización de dicha elección discurriendo y procurando los medios, modos y tiempos que le permitan efectivamente actuar, asumiendo valores, actitudes y conductas consistentes y consecuentes con su elección ya que “El amor se muestra más en las obras que en las palabras”.

Para eso, todas las experiencias de aprendizaje propuestas por la escuela, en la sala de aulas o fuera de ella, deben ser diseñadas de tal modo que posibiliten, además del gusto por aprender activa y reflexivamente, canalizar las fuerzas motivacionales que surgen frente a la conquista del aprendizaje (la conquista de la verdad), elementos básicos que mueven al hombre hacia el compromiso y hacia la acción. Ignacianamente hablando, el compromiso y la acción desea-da, libremente elegida por el individuo, debe estar orientada por el magis, el mejor servicio a Dios y a nuestros hermanos.

5. EVALUACIÓN

Por evaluación se entiende una revisión de la totalidad del proceso pedagógico seguido a lo largo de cada uno de los pasos del Paradigma, para verificar y ponderar en qué medida se han realizado fiel y eficientemente y, por otra parte, en qué grado