Discurso en el LXXV aniversario del Colegio

«San Ignacio» de Caracas

 

 

Caracas, Venezuela 1° de febrero de 1998.

P. Peter Häns Kolvenbach, S.J

 

 

 

Sean mis primeras palabras de saludo y felicitación a todos los miembros de la Comunidad Educativa del Colegio «San Ignacio»: al P. Rector, a los directivos y a los jesuitas; al claustro de docentes y al personal; a los padres y representantes, y a los alumnos y alumnas. Me uno a todos ustedes en estas jornadas de júbilo, y con ustedes doy gracias a Dios por estos 75 años de servicios a la Iglesia y a la sociedad venezolana.

 

La fecha del 8 de Enero de 1923 marca un hito en el apostolado de la Compañía de Jesús en Venezuela. Desde ese momento, se reinicia en este país la labor educativa de los jesuitas, interrumpida en 1767 por el decreto de expulsión de Carlos III.

 

 

Contexto Histórico

 

Con la apertura del Colegio «San Ignacio», la Compañía trató de dar respuesta, desde la educación, a las exigencias de la Iglesia en aquel momento histórico. En una sociedad marcada por las ideas liberales y positivistas, se requerían líderes católicos bien formados, leales a la Iglesia y a su ortodoxia doctrinal y moral, que pudieran apoyar a una institución muy débil, carente de organizaciones religiosas y con escasa presencia en el mundo de la educación y la cultura.

 

El recuento de los resultados obtenidos demuestran que el Colegio «San Ignacio» supo responder a las expectativas de aquel entonces. Los 75 años del Colegio «San Ignacio», me brindan la oportunidad de poder compartir con ustedes algunas reflexiones sobre las características de la educación de la Compañía ayer y hoy, y sobre las respuestas que los colegios de la Compañía, y este Colegio en particular, deben dar a los desafíos del mañana.

 

I. Los colegios ayer y hoy

 

Hace unos 30 años, las instituciones escolares sufrían una fuerte arremetida externa y un profundo cuestionamiento interno. Mayo de 1968 no pasó en vano por la historia. Pero no fueron solo los movimientos anti-escolares y anti-institucionales de fuera los que conmovieron los cimientos de la escuela. El Concilio Vaticano II había planteado un nuevo tipo de relación Iglesia-mundo, que llevó a una saludable revisión y puesta al día de estructuras e instituciones de la Iglesia. Entre ellas, la escuela católica.

 

Proceso de revisión: crisis y cuestionamiento

 

Al nivel de Compañía, la Congregación General XXXII, en 1975, pedía a los jesuitas entrar en un proceso de reflexión y revisión de todas sus obras apostólicas, para mejor adaptarlas a las exigencias de los tiempos, de acuerdo a la nueva reformulación de la misión de la Compañía: el servicio de la fe y la promoción de la justicia.

 

El hecho es que los colegios, tradicionalmente vistos como exitosos, pasaron a ser el centro de serios cuestionamientos, sobre todo desde el ángulo de su capacidad de educar para la justicia y el cambio social. El desapego de muchos jesuitas hacia los colegios, y una crítica acerba, muchas veces un tanto maniquea, determinaron una situación generalizada de crisis y una disminución del número de relevos jesuitas, de lo que muchos colegios se resienten todavía.

 

En el calor de la discusión, se llegó a pensar que más valdría dejar las instituciones educativas tradicionales, para dedicarse a otros tipos de apostolado directo, de carácter social o pastoral. La apertura de nuevas alternativas educativas de tipo popular llevó a algunos a creer que, definitivamente, no había futuro para los colegios tradicionales y que sería mejor abandonarlos a su suerte.

 

Proceso de autoevaluación y transformación: renovación Ignaciana

 

La inmensa mayoría de las instituciones educativas jesuitas afrontaron con coraje el desafío y supieron reaccionar. El proceso de autoevaluación y de transformación que emprendieron, redefiniendo sus objetivos y su práctica, dieron sus frutos. En la Provincia de Venezuela, hay que destacar el papel desempeñado por el CERPE en el acompañamiento a las instituciones educativas de la Provincia, en este proceso de evaluación y reformulación institucional.

 

Hoy, a la vuelta de varios años, hay que reconocer que el balance de ese período de desolación ha sido, en general, positivo. Renovarse o morir, parecía ser la consigna. Quienes optaron por el cambio, transformaron las instituciones y reencontraron un nuevo sentido al tradicional apostolado educativo de la Compañía. Otros, no supieron sobrevivir.

 

Ya el P. Pedro Arrupe advertía en 1980 a los colegios que era necesario «ponerse al paso», para ajustarse con una sociedad, una Iglesia y una Compañía que habían entrado en una dinámica nueva. «Una comunidad que opina que su colegio no necesita el cambio, provoca a plazo fijo la agonía del colegio; es cuestión de una generación. Por doloroso que sea, hay que podar el árbol para que recobre fuerza», decía (Nuestros colegios de hoy y mañana).

Proceso de recuperación: Características y Pedagogía Ignaciana

 

En1986, se publica Las Características de la Educación de la Compañía de Jesús. Este documento fue decisivo en el proceso de recuperación y transformación de los colegios. Y no sólo de éstos. Instituciones de educación superior de la Compañía, tanto en América Latina como en otras regiones, han encontrado en las Características una fuente de inspiración para imprimir el sello ignaciano a su labor educativa. Años más tarde, en 1993, se publica el Paradigma Pedagógico Ignaciano, aplicación práctica de las Características al aula.


Un nuevo sentido a su ser y a su quehacer

 

La situación hoy se ha revertido, y las instituciones educativas de la Compañía han encontrado un nuevo sentido a su ser y a su quehacer. Tal vez se perdió algo en lo jesuítico, en la medida en que la Compañía se desligó de la responsabilidad inmediata o última de algunas instituciones. Pero se ganó en lo ignaciano, entendiendo por ello la corriente espiritual, nacida de los Ejercicios de San Ignacio, que ha inspirado una tradición pedagógica secular, y que se traduce en lo que se podría llamar «el modo nuestro de proceder en educación».

 

La Escuela es insustituible de cara al siglo XXI

 

Si en algún momento se pudo cuestionar la institución escolar, hoy es universalmente aceptado que, sin desconocer la importancia creciente de modalidades educativas no escolares, la escuela sigue siendo insustituible para el crecimiento individual y social de la persona y de la comunidad, y para la promoción de los pueblos. Con todas sus limitaciones, la escuela ocupa un puesto clave en la configuración de la sociedad del Siglo XXI.

 

El espíritu apostólico de Ignacio

 

Desde el punto de vista apostólico, no hace falta recalcar la importancia que la Compañía asigna a la educación. La «ayuda a las almas» fue el móvil permanente del espíritu apostólico de Ignacio. Esta fue la razón de que Ignacio optara por los colegios para «externos», si bien inicialmente no había pensado en ello, cuando cayó en la cuenta del enorme fruto apostólico que se podía hacer a través de los colegios.

 

Hoy en día, una cuarta parte larga de los jesuitas trabajan en el apostolado de la educación, en diversas áreas, niveles y modalidades (primaria, secundaria, superior, no formal, informal, radiofónica, popular), constituyendo éste el sector apostólico que comprende el mayor número de jesuitas. Con sus luces y sombras, con sus deficiencias e insuficiencias y con sus reales logros, las instituciones educativas de la Compañía siguen siendo un medio privilegiado para la «ayuda a las almas». Hoy, sería del todo irresponsable de parte de la Compañía retirarse del campo de la educación.

 

La trampa de los dilemas excluyentes

 

Los cuestionamientos a las instituciones educativas no han desaparecido, y es bueno que colegios y demás obras educativas mantengan vivo un sano sentido de autocrítica y apertura al cambio: la conversión es un proceso que no termina jamás. Pero la reflexión y la experiencia nos ha enseñado también a no caer en la trampa de dilemas excluyentes: o lo social, o lo educativo, o lo pastoral. La solución no está en la disyuntiva, sino en una concepción integral de la evangelización. Todo apostolado en la Compañía tiene de una manera u otra esta triple Dimensión: la pastoral, la educativa y la social.

 

II. Los colegio mañana, un nuevo modelo educativo

 

Ahora bien: seguir en el terreno de la educación, no significa que las instituciones educativas jesuíticas tengan que continuar siendo como fueron en tiempos pasados. No es el cambio por el cambio lo que se pretende. Se trata de ver la manera de servir más y mejor, adaptándose a las circunstancias de tiempos y momentos, según un principio muy ignaciano. Es ya casi un tópico afirmar que no estamos simplemente viviendo una época de cambios, sino un cambio de época.

 

Una Propuesta Educativa para un cambio de época

 

Esto implica de parte del Colegio y de todas las instituciones educativas de la Provincia, desarrollar una propuesta educativa que, por un lado, signifique una contribución a la educación venezolana y al cambio social en este momento de transición; y, por otro lado, que sea coherente con los pincipios y la práctica educativa de la Compañía.

 

Para ello, será necesario que hagan ustedes una relectura de los documentos educativos de la Compañía (las Características, y la Pedagogía Ignaciana) en el contexto de la realidad venezolana. Y será necesario también leer el país, para saber cómo se proyecta hacia el futuro. Y compaginar la propuesta educativa de la Compañía con la propuesta de país.

 

El apostolado educativo como cuerpo

 

La Compañía de Jesús sirve a la educación y al país desde diversos terrenos. En el mosaico del apostolado educativo de la Provincia, existe una profusión de instituciones y obras educativas. Cada una de ellas cumple un papel específico, todas son necesarias y todas se necesitan mutuamente. Nuestro apostolado no es un conglomerado de obras, sino un cuerpo. Y el apostolado educativo, de manera muy particular, debe actuar como cuerpo, en que cada miembro es indispensable y cumple su función, desde su propio lugar. Cualquier actitud exclusiva o excluyente, por cualquier lado que viniera, sería un error.

 

Ya en su momento el P. Provincial de Venezuela salió al paso de cualquier equívoco, afirmando claramente que, dentro del trabajo educativo de la Compañía de Jesús, el Colegio «San Ignacio» es una obra irrenunciable. Me complace sobremanera la voluntad de la Provincia de Venezuela de poner todos los medios a su alcance para que el Colegio encarne cada día mejor la propuesta educativa de la Compañía para la Venezuela de hoy.

 

Responder al contexto sin inmediatismos ni cortos plazos

 

En un contexto de transición, como el que actualmente está viviendo el país, es lógico que el Colegio acelere el paso para responder a las exigencias del momento. No con perspectivas inmediatistas o de corto plazo, sino con proyecciones de mediano y largo alcance.

 

El objetivo es claro. De la misma manera que el Colegio «San Ignacio» respondió un día a los desafíos que le planteaba la coyuntura del momento, debe responder hoy a los retos que le plantea la sociedad venezolana. Con la gloria y el peso de su propia historia, fiel al pasado y abierto a las exigencias del presente, al Colegio «San Ignacio» le corresponde desempeñar un papel de capital importancia de cara al futuro, desde su propia identidad de colegio de la Compañía de Jesús, aportando a la educación venezolana un modelo educativo valido, precisamente a partir de la realidad concreta en que desenvuelve su acción.

 

Es cierto que el lugar social donde cada uno está situado, y el medio en el que se trabaja, condicionan en gran manera el modo de pensar y de actuar, así como la disponibilidad al cambio. Vivir en una zona residencial, no es lo mismo que vivir en un barrio. Enseñar o estudiar en un colegio como éste, no es lo mismo que hacerlo en un colegio de la periferia. Sin embargo, transformar la educación y el país, a toda la educación y a todo el país, alcanza a todos; a cada uno desde su lugar y actuando todos como cuerpo.

 

Por este motivo, por el mandato del Señor de anunciar a todos el Evangelio, porque creemos en la persona humana y en el poder del Evangelio, y porque la Compañía de Venezuela está empeñada en este proyecto de país, la Compañía seguirá trabajando en el Colegio «San Ignacio» y en las otras obras educativas de la Provincia.

 

 

III. Algunas características

 

Me remito una vez más, al documento de las “Características” para dejar bien en claro el marco dentro del cual la Compañía encuadra su educación. Quisiera simplemente subrayar el modelo educativo que debe proponerse este Colegio.

 

1. Calidad y excelencia académica: para servir más y mejor. Una de las notas de la educación de la Compañía es la calidad y la excelencia académica. Esta calidad la entendemos de manera funcional: para servir más y mejor, en términos de Ignacio. En un mundo de individualismo, competitividad salvaje e insolidaridad creciente, esta característica no es negociable. Esta actitud debe poder demostrarse de maneras muy concretas, particularmente en el servicio a los más necesitados de nuestra sociedad.

 

2. Liderazgo ignaciano: poder es servicio. De la misma manera, el liderazgo, para el que se prepara a nuestro alumnado, debe ser ejercido como servicio al bien común. Si «saber es poder» y si la «sociedad del conocimiento» es cada vez más poderosa, nuestro alumnado, sus familias y toda la comunidad educativa deben ser bien conscientes que para nosotros el poder es una forma de servicio. «A quien mucho se le ha dado, mucho se le exigirá» (Lc. 12, 48). En un contexto de corrupción, violencia, abuso de poder y exclusión, el tema de la ética, los valores, y la educación democrática y ciudadana son absolutamente fundamentales.

 

3. La opción por los pobres: el criterio evangélico. La opción por los pobres, suena casi a slogan gastado, de tanto que se ha venido repitiendo. Sin embargo, éste es otro de los puntos irrenunciables. Es cierto que el Colegio ha evolucionado en términos de nivelación social y que hoy su público no es el que fuera años atrás. Sin embargo, no se puede afirmar que el segmento social atendido por el Colegio sea exponente de las grandes mayorías de este país.

Que nadie descalifique a este colegio por el público al que atiende; pero que nadie busque tampoco en el Colegio la consolidación de situaciones de privilegio. No podemos ser más exigentes que Jesús, que no desahucia a nadie. Pero tampoco poder ser menos exigentes que Él.

Todos sabemos las limitaciones en que se mueve la educación privada. Si no trabajamos con los pobres, o en medio de ellos, al menos que quede bien claro que trabajamos desde la perspectiva de ellos y para ellos. Los pobres, no como objeto de nuestra compasión, o beneficiarios de nuestra acción social, sino como referente obligado de toda nuestra educación, en busca de una sociedad justa e igualitaria.

 

4. Los docentes: clave de toda acción. El papel de los docentes en todo este proceso es determinante. Sin docentes comprometidos y verdaderamente penetrados de la identidad ignaciana, nada de esto será posible. Quiero agradecer a todos los educadores y educadoras su entrega generosa a la misión educativa del Colegio, con toda competencia y responsabilidad. Al mismo tiempo, quiero pedir a los jesuitas que se esfuercen por compartir con ellos nuestra herencia espiritual y apostólica, ofreciéndoles la posibilidad de una formación específica en los valores ignacianos, de modo que puedan cumplir debidamente su misión, y asumir eventualmente responsabilidades de liderazgo.

 

5. La comunidad educativa: misión compartida. En fin, el Colegio debe ser un espacio de encuentro y de convergencia de todos los miembros de la comunidad, en la realización de una misión común.  Los padres y representantes deben participar de manera activa y sostenida en la vida del Colegio, de una manera particular en este proceso de renovación. Nuestra oferta educativa incluye valores que contradicen muchas veces los valores del «mercado» Es necesaria una sintonía entre el hogar y el colegio, de modo que los objetivos y criterios del Colegio sean asumidos y reforzados por la familia.

 

 

Lecciones de ayer y horizontes del futuro

 

Estas son, a grandes rasgos, las lecciones del ayer y los horizontes de hoy y del mañana. Esas son algunas características de la educación ignaciana para ustedes hoy. El reto del futuro no puede ser más apasionante. Es ésta una tarea que no la puede cumplir el Colegio en forma autónoma. Será necesaria la colaboración, la reflexión y la acción conjunta de otras entidades de la Provincia -los colegios, Fe y Alegría, La Universidad, las demás instancias de investigación social y educativa-, en búsqueda de una forma conjunta de pensar el país y de hacer educación.

 

La tarea del Colegio «San Ignacio» no ha concluido. Al cabo de 75 años, la misión continua. Que San Ignacio, el del «más», les ayude a contribuir a hacer realidad la propuesta educativa de la Compañía de Jesús para Venezuela, a mayor gloria de Dios.