Formación

El Noviciado

El Noviciado es una experiencia común para todos los que quieren iniciar la vida en la Compañía, tanto los que se encaminan al sacerdocio como los hermanos. Su duración es de dos años y la tarea principal es el discernimiento creyente de la propia vocación mediante un conocimiento profundo de sí mismo, de Jesús y de la Compañía, en un dinamismo de crecimiento e integración como persona, que habrá de realizarse en el ámbito individual y comunitario.

  • Es un tiempo de ruptura, a veces costosa, con el propio ambiente familiar, de amistades, de costumbres y de todo lo que fue la vida ordinaria anterior.
  • Es un tiempo de silencio que rompe con los ruidos de fuera y de dentro.
  • Es un tiempo de plenitud por la creciente toma de conciencia de un proyecto posible en el encuentro cada vez más profundo con Dios, consigo mismo y con los demás.
  • Tiempo de estudio y profundización teórica y práctica sobre la Compañía: su historia, su espiritualidad, sus documentos, su actualidad y sus personas; así como las nociones básicas sobre la vida religiosa.

Durante el noviciado son muy importantes las Experiencias (o Pruebas, como las llamaba san Ignacio), que permiten al novicio medirse ante los retos de integrar en su persona las exigencias de la vida interior, el trabajo pastoral, el estudio y los requerimientos de una vida comunitaria fraterna. Estas experiencias del noviciado son:

El mes de Ejercicios Espirituales, que se hace hacia la mitad del primer año de Noviciado.

  • Trabajo en hospitales durante un mes.
  • Trabajo pastoral en la comunidad parroquias (se hace a lo largo de los dos años de Noviciado).
  • Trabajo pastoral intenso en alguna obra de la Compañía (durante dos meses y medio).

Primera Etapa Estudio de Filosofía y Ciencias Sociales.

La tarea principal de esta etapa es el crecimiento del jesuita y su incorporación al cuerpo apostólico, pues ya hizo votos. Su primera misión es su propia formación académica, espiritual, comunitaria y apostólica.

Es un tiempo de construcción y desarrollo de hábitos personales de estudio serio y constante. Los estudios le otorgarán una capacidad de comprensión del ser humano, del mundo y de Dios encaminados al diálogo con la cultura y el pensamiento del hombre de hoy desde una mente crítica, fundada y flexible.

Se experimenta una nueva dimensión del silencio interior ante el reto del estudio largo, absorbente, profundo y perseverante que se mantendrá en diálogo con la vida espiritual y el servicio directo en una obra apostólica.

La duración normal de esta etapa es de cuatro años. Para los hermanos esta etapa puede abreviarse y complementarse con estudios particulares dependiendo del ministerio que desarrollarán en la Compañía.

Experiencia Apostólica o Magisterio.

La tarea de esta etapa es fortalecer la identidad del jesuita (escolar o hermano) en una comunidad apostólica cuyos retos lo llevarán a poner en práctica el fruto de las etapas anteriores y al desarrollo de destrezas y habilidades pastorales al hacerse responsable de un trabajo y un proyecto que lo saque de sí mismo y lo lance al servicio.

Se llama “Magisterio” porque anteriormente el destino consistía en colaborar en la enseñanza en alguna una de nuestras instituciones educativas. Actualmente el “maestrillo” es enviado a cualquier obra: parroquias, colegios, misiones, proyectos de promoción, etc.

La duración de esta etapa es de dos a tres años.

Segunda Etapa: estudios de Teología

La tarea de esta etapa es el desarrollo de la capacidad de "dar razón de nuestra esperanza" (1 Pe 3, 15) desde la fe de la Iglesia y conforme al ministerio de la Compañía de Jesús. La Teología no es una etapa de prueba sino de integración, desde la fe, de las experiencias y cuestionamientos enfrentados en las etapas anteriores; proporcionará al jesuita un lenguaje apropiado para esa reflexión abarcadora y para su transmisión.

Tanto futuros sacerdotes como hermanos harán esta etapa; para los que serán sacerdotes tomará cuatro años para la ordenación sacerdotal. Para los Hermanos el tiempo de esta etapa será de dos a tres años.

Tercera Probación

La primera probación consiste en los primeros días del inicio del Noviciado. El resto del noviciado y de la formación hasta el fin de la etapa de Teología es la Segunda probación. Hasta aquí concluye la “formación básica” del jesuita y éste puede ser destinado ya a una misión de tiempo completo.

Después de unos años (3-6) de servicio, el jesuita hace la Tercera Probación, que consiste en un proceso de integración personal que recupera todo el camino recorrido, vuelve a las fuentes de inicio y recoge los frutos y confirmaciones recibidos. Esto genera un nuevo impulso y dinamismo que consolida su incorporación a la Compañía de Jesús y la certeza de entregarse por completo al servicio apostólico en ella. Esta etapa dura de seis meses a un año.

Después de la Tercera Probación se realizan los últimos votos, que significan la aceptación definitiva del jesuita en la Compañía de Jesús.

Formación Permanente

Esta etapa dura todo el resto de la vida del jesuita. El ritmo acelerado de cambios y transformaciones que experimenta el mundo de hoy exige una actitud de renovación constante. Por ello el jesuita tiene el gusto, la curiosidad intelectual y la disposición a adquirir actitudes y habilidades que le permitan la capacitación y adaptación constante a los continuos cambios, y a crecer junto con ellos.

Esta actitud se ejerce durante el desarrollo de la misión y se alimenta de muchas maneras: a través de cursillos, encuentros formales o informales de intercambio de reflexiones y experiencias, talleres, etc., además de períodos más largos de reciclaje o actualización.

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