
Ignacio de Loyola tuvo una vida centrada en los honores, la fama y el poder, luchando a favor del rey terrenal y en una de sus batallas fue herido por una bala de cañón. En un momento de convalecencia tomó conciencia de la diferencia que había entre pensar en seguir su vida “mundana” ó una vida imitando a los santos. Después de leer sobre los santos y Cristo, Ignacio quedaba en paz y satisfecho; pero cuando terminaba de soñar despierto con seguir su vida de caballero, en las batallas y su búsqueda de fama, Ignacio quedaba inquieto e insatisfecho.
Esta experiencia no sólo fue el inicio de su conversión, sino también el comienzo de su propuesta de discernimiento espiritual. Su experiencia con el Creador la sistematizó en el texto de los Ejercicios Espirituales (EE) y la compartió con hombres y mujeres, que no tardaron en suscitar conversiones importantes. Los EE despertaron la sospecha de los jueces y la misma inquisición. Ignacio fue tomado preso en tres ocasiones por su manera de vestir, las conversiones generadas y la teología de sus ejercicios.
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