
En su tiempo, San Ignacio albergó a los que vivían sin techo en Roma, se preocupó por las prostitutas y estableció casas para huérfanos. Buscó colaboradores y con ellos estableció organizaciones y redes para continuar estos y muchos otros servicios. Para responder hoy a las acuciantes necesidades de nuestro complejo y frágil mundo, necesitamos sin duda de muchas manos. (D6, CG 35 – 2008)
“Los jesuitas somos hombres para los demás” y “hombres con los demás. Esta característica esencial de nuestra forma de proceder pide prontitud para cooperar, escuchar y aprender de otros y para compartir nuestra herencia espiritual y apostólica. “Ser hombres con los demás” es un aspecto central de nuestro carisma y profundiza nuestra identidad. (D 13, CG 34 – 1995)
La Compañía de Jesús propone como causes privilegiados en la formación cristiana del laicado en la espiritualidad ignaciana y para la colaboración en la misión común:
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