Martirologio del S. XX
Jaime Castellón Covarrubias, S.J

Más de trescientos jesuitas han muerto durante el siglo XX a causa de su amor a Dios y a los hombres. Algunos de ellos fueron asesinados, otros murieron como consecuencia de los malos tratos recibidos, otros simplemente fueron hechos desaparecer por regímenes que practican el terror y esconden a sus víctimas. Todos ellos forman parte de nuestro martirologio del siglo XX. "Mártir" es un término griego que significa "testigo". Por eso es que el primer mártir de nuestra fe es el mismo Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, que dio perfecto testimonio con su vida del infinito amor de Dios por los hombres y del máximo amor que un ser humano puede tener a Dios. Su muerte y resurrección expresan con elocuencia sublime la profundidad de su entrega y la potencia insuperable de su amor.

Los mártires actualizan en distintos tiempos y circunstancias esta realidad: muestran el horror y el escándalo del pecado, que mueve a seguir asesinando personas justas e inocentes; pero son testigos de un Amor que transciende ese pecado, lo vence y lo supera.

Son innumerables los mártires que han existido a lo largo de los siglos. Desde un principio, ellos han gozado de gran estima y veneración en la Iglesia. El gran teólogo Orígenes (+ 253) decía: "Cualquiera que dé testimonio, en palabra u obra, de la verdad, poniéndose de su parte de cualquier modo, debe ser llamado, con pleno derecho, testigo. Pero en la comunidad de los hermanos, impresionados por la entereza de ánimo de aquellos que lucharon por la verdad y las virtudes hasta la muerte, ha penetrado el uso de llamar 'mártires' en sentido verdadero y propio sólo a aquellos que han dado testimonio al misterio de la religión con la efusión de la sangre".

Las causas de martirio han variado según las circunstancias históricas: los primeros mártires fueron víctimas de los judíos y luego del Imperio Romano. Más adelante, los martirios fueron consecuencia de la actividad misionera de la Iglesia; de las horribles guerras religiosas; y de las persecuciones antirreligiosas del mundo moderno.

Cuando la Iglesia estableció procesos de canonización, precisó cuáles eran las condiciones para declarar mártir a un fiel: 1) debía haber sido asesinado o haber muerto como consecuencia de los malos tratos recibidos; 2) el perseguidor tenía que haber actuado por odio a la fe o a la práctica de alguna de las virtudes que le son esenciales; 3) el fiel tenía que haber actuado con la conciencia de que su conducta le podía costar la vida.

El Concilio Vaticano II (1962- 1965) hizo ver que la excelencia del martirio radica en el grado de identificación con Jesucristo que alcanza la persona, al entregar su vida por los demás. Por eso "es estimado por la Iglesia corno un don eximio y la suprema prueba de amor" (Lumen Gentium, 42).

El Papa Juan Pablo II ha canonizado y beatificado más mártires que ningún otro Pontífice. Él ha ampliado el concepto mismo de martirio, extendiéndolo a personas que han realizado un acto caritativo heroico. Cuando canonizó como mártir a Maximiliano Kolbe -que había sido beatificado por su práctica de las virtudes- dijo que este cambio se justificaba porque su acto de ofrecer la vida a cambio de la de un padre de familia en el campo de concentración nazi de Auschwitz, "de manera particular lo hizo semejante a Cristo" (Plaza San Pedro, 10 de octubre de 1982).

Aproximándose el fin de este milenio, el mismo Papa ha querido que se haga un "Martirologio del siglo XX", para que no caiga en el olvido "el testimonio de amor a Dios y a los hermanos" que tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo han dado con su vida y con su muerte.

El "martirologio jesuita" que presentamos a continuación ha sido elaborado con los antecedentes enviados por las Provincias a la Curia General. Son más de trescientos, de los cuales cinco han sido ya beatificados. La Iglesia dirá a su debido tiempo si los demás pueden ser llamados mártires en sentido estricto.

Los primeros jesuitas asesinados en el siglo XX fueron los franceses Modestus Andlauer, Remigius Isoré, Paulus Denn y Leo Ignatius Mangin. Murieron en China entre 1900 y 1901, en la llamada "Revolución de los Boxers". Todos ellos fueron beatificados en 1955.

En 1915-1916, dos armenios fueron eliminados durante el ataque a los miembros de su raza por parte del régimen de los "jóvenes turcos".

Las persecuciones antirreligiosas cobraron su más célebre víctima jesuita en el Beato mexicano Miguel Agustín Pro, fusilado en 1927. En las décadas siguientes, entre 1932 y 1946, hay certeza de once a quienes hizo perecer el régimen comunista chino. En España, la persecución adquirió dimensiones de tragedia: murieron 122 jesuitas. Por 52 de ellos está en curso la Causa de Beatificación.

Hay que considerar que la Compañía de Jesús había sido expulsada del territorio en 1932, lo que explica que las víctimas no fueran aún muchas más.

El régimen nazi eliminó a 82 jesuitas: polacos (la gran mayoría), alemanes, austríacos, checos, eslovacos, eslovenos, franceses y holandeses. Dachau y Auschwitz vieron correr la sangre de muchos de ellos. Sus aliados asesinaron a otros varios: tres canadienses en China; trece holandeses en Indonesia; siete españoles en Micronesia.

Después de la Segunda Guerra, los regímenes comunistas de China, la Unión Soviética y sus aliados de la "Cortina de Hierro", mataron a muchos sacerdotes y religiosos sin dejar rastro de ellos. Se tiene certeza de 44 jesuitas que fueron asesinados, algunos de manera extraordinariamente cruel: trece en China; diez en Polonia; cinco en Albania; y siete en Yugoslavia.

Desde mediados de la década de los sesenta se multiplicaron en el mundo, especialmente en América Latina, regímenes violentos con ideología anticomunista.

Algunos se aliaron al narcotráfico y a la corrupción para mantener su poder. A menudo ellos interpretaron el clamor de católicos en favor de la justicia Como infiltración marxista en la Iglesia, y se sirvieron de ese pretexto para matar a muchos religiosos y laicos. Un jesuita fue asesinado en Filipinas y trece en América Latina, de los cuales siete en El Salvador.

Los últimos años de este siglo han estado marcados por la violencia racial y nacionalista. Diecisiete jesuitas han caído por estas causas en Africa, siete de los cuales en Zimbabwe y tres en Ruanda. Otros once han muerto en Asia, entre los cuales cuatro en Líbano y cinco en India.

A continuación presentamos la lista completa de nuestro "martirologio del siglo XX".