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Te
repito lo que tantas veces te he dicho, Cuando en 1843 Søren Kierkegaard regresó de Berlín a Copenhague, llevaba consigo un voluminoso manuscrito titulado Enten-Eller, una exhortación que apunta a decir: "O lo uno o lo otro". Esta confrontación revela un dilema y urge el caer en la cuenta de que hay que decidir, o mejor dicho: Es importantísimo decidir ya. Este fragmento de una vida es publicado bajo seudónimo y editado por un tal Víctor Eremita. El libro es una interpelación hacia cada uno para decidirse o por la vida estética o por la vida ética, alternativa que por lo demás parece inevitable y que en breve y a continación explico.
Kierkegaard habla de utilizar las elecciones personales para crearse a uno mismo, de modo que cada quién se va construyendo en auténtica libertad, todo esto intimamente ligado a lo que decidamos hacer de nuestras vidas con las decisiones trascendentes y cotidianas. De esta manera invita a asumir la vida desde la más honda sabiduría. Søren tiene una firme confianza en la existencia, un optimismo inquebrantable frente a todo mal y sufrimiento. Irradia una profunda esperanza y alegría del propio existir, una autenticidad sin límite, una conciencia de la singularidad única de cada individuo. Hay que tener en cuenta la libertad que tenemos en cada instante. Podemos elegir cualquier cosa y transformar completamente nuestra vida. Uno de los personajes kierkegaardianos nos acorrala: "¿Qué hacer? Sólo tengo una respuesta: ¡Desespera! Te exhorto no como un consuelo, no como un estado en el que debes permanecer, sino como un acto que exige toda la fuerza del alma, toda su seriedad y todo el recogimiento del alma. Tal es mi convicción y tal es mi victoria sobre el mundo. Quien no haya gustado la amargura de la desesperación, se equivoca sobre el sentido de la vida. Yo también desesperé. Desespera, con toda tu alma, con todo tu espíritu y pronto, cuanto más esperes más duras serán las condiciones, y el crédito será el mismo. Ningún caballero al regreso de sus más peligrosas hazañas se sentirá más feliz y contento que él al regresar de esa lucha contra la carne y la sangre y contra todas las vanas diferencias de lo finito; pues el hombre que desespera encuentra al hombre inmortal, y en éste todos somos iguales". Para desesperar, hay que quererlo de veras; y entonces se libra uno de la desesperación (la desesperación kierkegaardiana hay que entenderla como un desequilibrio interno, una desarmonía, una situación que aunque parezca que todo va bien, en el fondo está en decadencia y en sin sentido). Comprender el dilema de la alternativa y enfrentarlo, implica una transformación en la persona, pues requiere asumir y construir una personalidad con la energía necesaria para decir con pasión: "o lo uno o lo otro" y decidirse a desesperar (es decir, a tomar el toro por los cuernos y expolsar esos demonios internos que escondidos y enmascarados engañan y destruyen tanto a nosotros mismos, como de nosotros a los demás). Para finiquitar responsabilidades académicas tuve que hacer un trabajo, opté por hacerlo sobre Kierkegaard, leerlo mucho me cuestionó y sigue moviendo tapetes y esquemas. Le estoy muy agradecido al buen Søren. El presente trabajo
es una manera de compartir lo gratemente encontrado y también de responder la siguiente pregunta: ¿Es la misma libertad
la que se experimenta en los tres estados propuestos por Kierkegaard? Pretendo, a través de este website, compartir mi gusto por la obra de Søren Kierkegaard y poner en común un trabajo, producto de varias desveladas y trajines. Ismael
Bárcenas, SJ. - Mayo - |
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