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Biografía de Søren Asbye Kierkegaard

“Todo don bueno y perfecto viene de arriba,

del Padre de las luces, cuyo amor no cambia jamás”.

Sant 1, 17

 

“Un poco de tiempo y ya he vencido.

De golpe, la lucha ha desaparecido.

En salas de rosas podré descansar;

y eternamente con mi Jesús hablar”.

Søren Kierkegaard.

 

Biografía de Søren Aabye Kierkegaard.

Søren Aabye Kierkegaard nació en Copenhague el 5 de mayo de 1813. Kierkegaard era tan popular en Copenhague como el palacio real o el edificio de la bolsa. Hijo de un comerciante poderoso, heredero de una fortuna que le permitía vivir sin trabajar. Durante su juventud, dedicaba su tiempo a casi todo y a casi nada en especial: había pasado ruidosamente por la universidad, participaba en varias fiestas y tertulias literarias, era entusiasta de la ópera, de la buena comida, de los cigarros finos y del vino francés. Por la noche se le podía ver en los restaurantes caros o en las mejores localidades del teatro, siempre rodeado de amigos extravagantes y ruidosos. Su elegancia desmedida, sus constantes excentricidades y su humor formaba parte del paisaje nocturno de la ciudad. Durante el día, a Søren le encantaba salir a pasear por el puro gusto de encontrarse con conocidos. Era capaz de entenderse con todo tipo de gente, desde profesores universitarios hasta simples campesinos. Sus preferidos eran los pobres, a quienes ayudaba y consolaba, a manera aun de director o consejero espiritual. Las injusticias sociales lo irritaban mucho.


Søren aparentaba no ser más que un muchacho acomodado y frívolo, pero detrás de sus rarezas y excentricidades escondía una intensa vida interior. Casi nadie podía imaginar que escribía durante largas horas y que sufría atroces crisis de angustia. Ocultaba un abismo interior poderoso y atormentado, en donde había lugar para la creación literaria. Søren poseía una mente extremadamente rápida, facilidad de palabra y una mirada intensa que, según quienes lo conocieron, era difícil de sostener y de olvidar.


Su padre Michael se había casado por primera vez en 1793, pero no había llegado a fundar una familia porque su esposa había muerto dos años más tarde. En 1797 volvió a casarse con Anne Sørensdatter Lund, una antigua empleada suya. El matrimonio tuvo siete hijos, el último de los cuales fue Søren. En 1819, cuando Søren tenía seis años, murió su hermano Michael a los doce años de edad. Tres años más tarde murió Maren Kristine, la mayor de las hermanas, a los veinticinco años. Estas dos desgracias fueron duras pero apenas marcaron el comienzo, porque una década más tarde los golpes de la muerte se hicieron incesantes: en 1832, cuando Søren tenía veinte años de edad, murió su hermana Nicoline a los treinta y tres años. En 1833 le toca el turno a Niels Andreas, que muere con veinticuatro años. En 1834 mueren, con pocos meses de diferencia, su madre y su hermana Petra, esta última a los treinta y tres años. En 1837 a Søren sólo le quedaba vivo su hermano Peter Christian, que se casa ese año pero enviuda nueve meses más tarde.


Esta sucesión de muertes afectó terriblemente la sensibilidad de Søren. Siendo el menor de siete hermanos no había visto a ninguno de ellos disfrutar la vida adulta. Los que habían vivido más tiempo habían muerto a los treinta y tres años y eso era una perturbadora coincidencia con la edad en la que se dice, habían crucificado a Jesús.


¿Qué significado tenía esa terrible sucesión de muertes? ¿No era esto una especie de maldición? ¿Qué oscuro pecado escondía el padre para merecer semejante castigo? Tal parece que no era un pecado cualquiera, sino de algo que solamente podía involucrar a un hombre muy religioso o muy insensato. Porque su pecado no había sido contra los hombres sino directamente contra Dios: Michael lo había maldecido.


Todo había empezado muchos años atrás, cuando Michael Pedersen Kierkegaard era niño y crecía en un remoto pueblo de Jutlandia Occidental, la parte continental de Dinamarca. Siendo niño, Michael se dedica a pastorear ovejas mientras su familia pasa por una difícil crisis económica. En una ocasión, crispado por la miseria y comportándose como un personaje bíblico sube a un sitio elevado, mostrando los puños, gritando contra el viento y volteando hacia el cielo maldice a Dios.


Casi desde ese preciso instante, las cosas comenzaron a ir mejor. Un hermano de su madre parte a Copenhague en búsqueda de oportunidades e invita a Michael. El tío echa a andar un próspero negocio de prendas de lana. Michael demostró ser un excelente vendedor, reúne dinero suficiente para casarse y fundar un hogar. A la muerte del tío, el sobrino hereda una sustanciosa fortuna. Con el paso del tiempo Michael continuó desarrollándose hasta convertirse en uno de los comerciantes más ricos de Copenhague, recibiendo a veces incluso a la realeza en su mesa. Pero Michael no podía olvidar aquel episodio de la infancia: ¿Dios había reconocido la injusticia de su situación anterior o, todo lo contrario, estaba preparando el castigo? Tiempo después, tal parece que Michael está siendo castigado en los hijos, ninguno de ellos alcanza los treinta y tres años de vida.


Søren heredó de su padre la fantasía, una gran fuerza dialéctica y la melancolía. Junto con la fantasía se le formó el sentido de lo súbito y de lo sorpresivo ante la irresistible dialéctica del papá. Pero tal parece que Søren también se contagió de esa obsesión paterna de culpa y de ver una maldición en la familia Kierkegaard, pensó que él también estaba condenado a una muerte prematura.


La telenovela

En 1837, Søren se enamora de Bolette Rødam. Un día de mayo, inquieto, quiere ir a verla y declararse. Pero ya en camino lo atacan los escrúpulos y regresa. Este incidente fue decisivo en su vida, pues pocos días después vence sus cavilaciones y se dirige a la casa de Bolette y se da cuenta de que la vez anterior Dios lo había detenido, pues entonces no se habría encontrado lo que hoy: muchas amigas de Bolette, entre ellas una ante quien queda fulminado, muy linda y no está comprometida: Regina Olsen. La reunión es fabulosa, Søren brilla ante la concurrencia con su ingenio, buen humor y estetismo. Regina era una muchacha de 14 años, hija de un alto funcionario de la corona y diez años más joven que Kierkegaard. No se declara entonces a Regina, pero toma ya la decisión de casarse con ella.


Muere entonces su cuñada. Michael ve que la previsión se cumple: todos van muriendo, y al fin él quedará condenado a la soledad. Se apiada entonces de Søren (le queda poco de vida) y le pasa una suma mensual. Søren se cambia de casa, y en adelante vive solo. (a lado derecho vemos un dibujo Søren que le mandó a Regina)


Søren era incapaz de hacer nada de un modo sencillo, así que demoró largos meses antes de intentar una aproximación a Regina. Una vez dado el paso, todavía tardó más de dos años en concretar mínimamente las cosa. Durante las visitas a casa de la novia, Regina a veces interrumpía la lectura y notaba que Søren estaba llorando en silencio; lo mismo ocurría cuando ella tocaba el piano para él. Kierkegaard sufría terriblemente de melancolía. Formalizaron su compromiso después de aprobar Kierkegaard sus exámenes de teología y cuando ya comenzaba su preparación para pastor. Por una vez en su vida, todo salió a pedir de boca. Casi sin poder creerlo, Søren se vio convertido en el novio oficial de Regina y escuchó a todo Copenhague hablar de su futuro matrimonio.


La felicidad de Søren fue intensa, pero duró exactamente dos días. Cae en horribles cavilaciones: ha hecho mal en declararse; aquello no podrá funcionar; y sin embargo Regina es el amor de su vida: o ella o nadie. Una semana después ella se lo encuentra en la calle, tan deprimido y desolado, que apenas lo reconoce.


Søren sabe que debe romper. Pero sigue yendo a visitar a Regina, con quien se siente feliz, sobreponiéndose a una reprimida tempestad, que estalla en todo su furor cuando se encuentra solo en su casa. Las relaciones con ella y con la familia son buenas; parece llevar el noviazgo con responsabilidad y cariño; y sin embargo, entre los dulces coloquios resuenan las melancólicas campanadas del reloj de Holmes Kirke, la iglesia vecina, como llamadas de la eternidad, vivencia que le quedó siempre viva en el corazón. La soledad de las noches se las pasa llorando, acosado por el aullido de los lobos. ¿Cómo había podido comprometerse? Él, que vivía en el peligro, como sobre un fatal abismo marino, ¡haber llevado ahí a Regina, el amor de su vida!


Kierkegaard encuentra razones en contra y a favor. Lo terrible es que si bien Dios se la dio, ahora que están enamorados y comprometidos, Dios le dice: “Déjala”. Søren deambula turbado, triste, caviloso. Le insinúa a Regina, sin mayores razonamientos, que deben romper.


Regina no cede: conoce a los melancólicos y sabe cómo tratarlos, pues su papá es melancólico. No quiere ningún lujo, ni nada; le basta un armario para guardar sus cosas. Aun alguna vez Regina usó armas hirientes: “te acepté por compasión”, o de cariñosa broma: “Lo que pasa es que estás loco”. O: “¿Qué, piensas hacerte jesuita?”.


Pero al mismo tiempo había protestas divinas. Regina “luchó como leona; tanto que a no ser por la resistencia divina”, Regina habría vencido. En famosa carta Søren le escribe “sin fecha”, pues “soy tuyo eternamente”, se delata la ambigüedad: o el amor es eterno, o no es para el tiempo, sino que se reserva para la eternidad. Todo es antiguo; en noches insomnes Søren se pregunta si realmente ama, o no. Sus diálogos internos son de gran intensidad, como se refleja al exterior en diversas obras como ¿Culpable? o ¿No Culpable?, Temor y Temblor, o en Diario de un seductor.


Piensa ordenarse pastor, pero le sobrevienen idénticas dudas. Además va tomando conciencia de que la Iglesia luterana danesa ha hecho del cristianismo algo suave y aguado. Al fin decidiría no hacerse pastor.


Por correo, el 11 de agosto de 1841 le devuelve a Regina el anillo de compromiso con un cordón de seda: “En Oriente, el envío de un cordón de seda significa pena de muerte para el destinatario; ahora, el envío de un anillo significa pena de muerte para el remitente. Perdona al hombre incapaz de hacer feliz a una joven”. Pero, “¡qué sucede entonces! Ella va a mi casa - y no estaba -, y me deja un recado diciendo que no puede vivir sin mí: «Si me abandonas, moriré». Y me suplica, en nombre de mi padre y de Cristo, que no la abandone”. Desesperada, saltaba “todos los límites: Al invocar lo que me era más querido: mi padre, y Cristo - cuyo nombre no solía yo pronunciar -, y sabiendo que yo era melancólico, me angustió hasta el extremo. Con ello me obligó a usar toda mi fuerza para rechazarla”.


Søren empieza a jugar el papel de un hombre superficial y latoso al que Regina sea incapaz de amar. La apuesta no funciona del todo. Søren se esfuerza en parecer un necio petulante ante Regina pero pocas veces lo consigue. Peor todavía, a veces no puede ocultar el amor que sigue sintiendo por la chica, de modo que Regina no sabe a quién tiene enfrente.


El 11 de octubre Søren rompe con Regina. Para no ser aplastado por la soledad, va al teatro a buscar a su amigo Emil Boesen. El papá de Regina corre al teatro para llamarlo: Regina está desesperada, aun podría morir. Søren va y la tranquiliza un tanto. Al día siguiente el papá lo vuelve a llamar. Søren va, pero se muestra inflexible. Cuando Regina ve que la ruptura es definitiva, “saca un papel – un escrito mío – que llevaba siempre en el pecho, lo hace pedazos ante mis ojos, y dice: «Ojalá no sea demasiado tarde cuando te arrepientas» - y aludía a su muerte. Respondí con una broma irónica”. Tras la ruptura fue detestado por la familia y por todo Copenhague. Hay chismes horribles sobre su cínica prisa al romper - veía el reloj para apresurar a la familia -, pues quería ir a divertirse al teatro - siendo así que él era quien estaba para morir, pues “si ella escogió el llanto, yo escogí el dolor”. Sólo su amigo Emil y Cornelia, hermana de Regina, lo comprendieron un tanto.


Viene una época de gran productividad literaria. La gran parte del día se la pasa escribiendo. Luego pasea por el teatro y cafeterías, cínico y desafiante de las murmuraciones. Las noches las dedica a sufrir y llorar.


El 25 de octubre va a Berlín, decaído, en crisis y con pensamientos de suicidio. Se cartea con su amigo Emil, quien le dice que Regina lo detesta y que se ve muy pálida. Søren regresa a casa hasta marzo de 1842. Aparece su libro Enten-Eller el 20 de febrero de 1843. Lo edita un tal Víctor Eremita.  En este mismo año, el 16 de mayo, aparecen 2 discursos edificantes. Søren vuelve a Berlín donde escribe dos obras maestras: La recuperación (o repetición) y Temor y Temblor.


En julio Kierkegaard prepara el viaje de regreso a casa, cuando recibe carta de Emil, con una noticia con efectos de rayo mortífero: Regina se acaba de comprometer con Fritz Schlegel, un antiguo pretendiente. ¡Era Kierkegaard quien había jugado el papel de mero paréntesis! Y se desata en él su orgullo herido, ira y amargura. Regina no se moría, se comprometía con otro. Quedaba ultraclaro que Regina no vivía en la esfera religiosa de la existencia, pues en este caso ella se habría mantenido fiel. El rompimiento, que se había vuelto definitivo, irrevocable, a causa de haberse prometido Regina con Fritz Schlegel, que ya le miraba con buenos ojos antes de que Kierkegaard hubiese hecho su aparición en el mundo de Regina, borraba todo sueño de matrimonio espiritual o lazo similar, había puesto a flote su lancha: lancha que no era tal sino un magnífico navío que con todas las velas desplegadas avanzaba majestuosamente, cortando las aguas del océano del pensamiento y de la poesía. Los dos años siguientes fueron los años de más impetuosa labor en la vida de Kierkegaard, y también los años en que su poder creador logró sus más esplendorosos triunfos literarios y filosóficos.


Antes de sus treinta y tres años, Kierkegaard continúa con sus escritos, hace viajes y paseos dentro de Dinamarca, sobre todo al norte de Zelandia (donde está Copenhague): lagos, bosques, mar. Es muy sensible a la naturaleza; y se nota en sus escritos gran fluidez entre sus sentimientos y la naturaleza. Va otra vez a Berlín, la única ciudad extranjera que visitó. Cumple lo 34 años y sobrevive a la fatídica maldición, aunque sigue con la idea de que ya se va a morir, ese año se casa Regina con Fritz.


En estos años comienzan los ataques del periódico El Corsario a Kierkegaard. También comienza en sus escritos a cuestionar a la Iglesia Luterana. Sigue publicando. Son numerosos lo célebres encuentros de Søren y Regina en la calle y en las iglesias.


El 19 de noviembre de 1849 tras muchas vacilaciones escribe Kierkegaard una carta a Regina - le costó muchos borradores - en que acepta haber sido cruel con ella, pero ello fue por razones que Regina no conoce. Ella está ahora casada; y quizás conviniera aclarar las cosas, sea hablando, sea por escrito. Kierkegaard envió esta carta en sobre cerrado a Schlegel, y escribe a éste que convendría una aclaración por el bien de Regina; que él respeta el matrimonio, y no ha querido aprovecharse de varias oportunidades; pero que si no le parece, que le devuelva la carta cerrada. Schlegel le respondió que no deseaba entregar esa carta a su esposa, y que el asunto quedaba ya liquidado.


Kierkegaard consideraría a Regina siempre suya. No hay recuperación aquí en la tierra; pero en realidad Schlegel es sólo un guardián: Kierkegaard la recuperará en la eternidad. “La Providencia la usó para capturarme".


El 5 mayo de 1852, cumpleaños de Kierkegaard, "nos encontramos a la salida de mi casa.  Sonreímos, y ella me saludó. Me quité el sombrero, saludando, y me fui”. En otra ocasión, ya en marzo de 1855, se encuentra a Regina en la calle; uno de tantos encuentros que parecen normales. Pero esta vez Regina se acerca a él: ¡Le habla! Kierkegaard se pone muy nervioso, tanto que en su turbación no capta lo que ella le dice; saluda apresuradamente, y se va sin decir palabra.  Recapacitando después fuerza su memoria a traerle lo que dijo Regina: Se despedía; Fritz había sido nombrado Gobernador de las Antillas danesas. Esta fue la última vez que se vieron.


Mientras tanto, Kierkegaard es duro en sus criticas a la Iglesia y a la sociedad danesa. Dice que los daneses son incapaces de apasionarse por nada. Se les puede escupir la cara, y les da lo mismo. Quienes se hacen pastores lo hacen sólo para tener buenas entradas y vivir burguesamente con esposa e hijos. De modo que quien deja de ir al templo, se libra de gran pecado. La juventud, entusiasmada con las ideas de Kierkegaard; la gente conservadora, horrorizada. Algunos desean expresar, por escrito o en visita privada, solidaridad con Kierkegaard; pero él rechaza tan mezquinos apoyos: Si alguien se solidariza, que se comprometa públicamente.


El 2 de octubre se desmaya en la calle, y es internado en el Frederikshospital, donde permanecería cosa de un mes. Pocas personas tiene permiso para visitarlo: dos cuñados y familias, y Emil Boesen, su amigo de juventud. A su hermano mayor Pedro -pastor- no quiere verlo.


Emil le pregunta si no quiere la comunión. El: Sí, pero no de manos de un sacerdote. Emil aclara que entonces sería difícil. El: Pues moriré sin el viático. Tú sabes, los sacerdotes no son sino funcionarios de Estado; y esto nada tiene que ver con el cristianismo.


Tal parece que Kierkegaard se sintió llamado a una vida fuera de lo normal, a una vida “más alta”. De lo alto había recibido una misión, la de escritor y crítico de la Iglesia, y la habla cumplido. Siempre estuvo seguro de sufrir más que Regina.


Durante la visita al hospital, una sobrina y un sobrino ven inexplicable resplandor en torno al enfermo, quien sonríe contento y feliz, como un mártir consciente de que la batalla ha terminado. Ahí, en la sección de pobres del Frederikshospital, murió el 11 de noviembre de 1855.


Entre los muebles que dejó de testamento había uno, grande, que Kierkegaard había comprado en memoria de aquel armario con que Regina se hubiera contentado. En su testamento Kierkegaard le deja todo a ella. Explica que ella ha de ser la heredera, pues el compromiso entre ellos había tenido fuerza de matrimonio. Sólo si ella no quisiera recibir nada, se le podría preguntar si las cosas se regalaban a los pobres.


Federico Schlegel, desde Santa Cruz, responde al albacea: Le agradecen su discreción de no haber hecho público el asunto. Regina, había dudado un tanto; pero en fin tomaron juntos la decisión de no aceptar el testamento, en parte por la distancia, pero sobre todo por la razón aducida por Kierkegaard, para ellos inaceptable. Regina desearía sólo recuperar sus cartas y algunos objetos que antes fueron de ella. Regina recuperó las cosas mencionadas. Entre estos objetos estaba el anillo de compromiso, que Kierkegaard había modificado dándole también forma de cruz. Ella estaba segura de que Kierkegaard la había sacrificado a Dios.


Años después los Schlegel regresaron a Copenhague. Cuenta Regina que Schlegel la quiso, y la rodeó siempre de afecto; él no cerró brutalmente el paréntesis representado por Søren; al contrario: la apoyaba, y revisaba con ella las dudas y dificultades en que ella pudiera caer. Incluso leían juntos las obras de Kierkegaard, con tantas alusiones a ella y a su relación. Fritz murió el 18 de junio 1896; y ella, el 18 de marzo 1904: sobrevivió a Kierkegaard medio siglo. Fritz y Regina están sepultados juntos (foto a su derecha), a pocos metros de la tumba de Søren (abajo).
*



Epitafio en la tumba de Søren Kierkegaard.
"Un poco de tiempo
y ya he vencido.
De golpe,
la lucha ha desaparecido.
En salas de rosas podré
descansar;
y eternamente
con mi Jesús hablar".

 





Nada te turbe,

Nada te espante

todo se pasa

Dios no se muda

La paciencia

todo lo alcanza

quien a Dios tiene

nada le falta.

Sólo Dios basta.

Santa Teresa de Ávila


 “Toma Señor y recibe

Toda mi libertad,

mi memoria,

mi entendimiento,

todo lo que tengo

y todo lo que soy,

Tu me lo diste

a ti señor lo regreso.

Todo es tuyo.

Dispón de ello según tu voluntad.

Dame sólo tu amor y tu gracia

y que esto me baste”.

Ignacio de Loyola.



* Datos obtenidos en

DA SILVEIRA. Pablo. Historias de filósofos.

MANZANO, Jorge. Historia de la filosofía IV.


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