Juntos en busca de la justicia y la democracia en Honduras (Comunicado)

26 de enero 2018

A continuación reproducimos íntegro el nuevo comunicado de la Conferencia de Provinciales de América Latina (CPAL) sobre la difícil situación política y social que padecen nuestros hermanos de Honduras:

Los jesuitas de América Latina y el Caribe representados por nuestra delegación de la Conferencia de Provinciales de A.L. (CPAL)

EXPRESAMOS una vez más:

  1. Nuestra solidaridad con el pueblo hondureño, víctima de un fraude electoral generado a partir de la aceptación anticonstitucional de la reelección.
  2. Nuestro total apoyo al P. Melo, al personal de Radio Progreso y el ERIC y a los jesuitas que trabajan en Honduras.
  3. Nuestro reconocimiento de que la labor realizada por todos ellos es una concreción de la misión actual de la Compañía de Jesús al servicio de la fe y la promoción de la justicia.

NOS UNIMOS a las gestiones que lleva a cabo la Delegación Religiosa de Emergencia de Estados Unidos a Honduras durante su visita a este País.

APOYAMOS sus justas demandas.

LAMENTAMOS que:

  1. Se quiera consumar un proceso electoral anticonstitucional y fraudulento.
  2. Se esté reprimiendo con una fuerza militar desproporcionada las protestas políticas de la población.
  3. Se haya impuesto, sin una actitud incluyente, la junta directiva del Congreso Nacional.
  4. Se esté buscando la gobernabilidad con el abuso de la fuerza, en lugar de hacerlo mediante la construcción de un consenso nacional.
  5. Se estén incrementando, con total impunidad, las violaciones a los Derechos Humanos en contra de la población hondureña. 

PEDIMOS

  1. Cese la violencia, la represión, las amenazas contra líderes del movimiento popular y el pueblo de Honduras.
  2. Se respete la labor apostólica que realiza el equipo del ERIC y Radio Progreso.
  3. Se creen condiciones favorables para restablecer el Estado de Derecho.
  4. Se identifiquen y sancionen a los responsables de las crecientes violaciones a los Derechos Humanos.

 

Honduras, 25 de enero del 2018

 

Compartimos la homilía del P. Jesús Sariego, Superior del P. Ismael Melo, en la eucaristía celebrada en presencia de las delegaciones de EE UU, de la Conferencia de EE UU y Canadá y de la CPAL, con motivo de la “presencia de solidaridad con Radio Progreso y el ERIC” en El Progreso, Honduras, el día 25 de enero de 2018.

 

EUCARISTÍA por LA PAZ

Quebrada Seca (Parroquia S. Ignacio)

25 Enero 2018

Jesús M. Sariego SJ

 

Queridas hermanas y hermanos:

 

Quisiera agradecer, antes que nada, la presencia de cada uno de Uds. miembros de las diversas comunidades de la Parroquia. Invitados por nuestro Consejo Parroquial, hemos acudido a esta Eucaristía urgidos por nuestra fe y preocupados por la situación que atraviesa nuestro país. Quisiera felicitar de modo especial a todas las mujeres en el día de su fiesta. Un saludo también a los miembros de la Delegación internacional solidaria que nos acompaña en estos días, así como a los que nos siguen por la señal hermana de Radio Progreso.

Nuestra Eucaristía de hoy tiene un claro y firme propósito: presentar ante Dios nuestras plegarias por la paz en nuestro país y reflexionar sobre sus exigencias para nosotros. Nos mueve a ello el constatar que en nuestra Parroquia como en todo el país, han crecido en los últimos meses la violación de los Derechos humanos, el uso desmedido la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad del Estado y un clima general de violencia y hasta destrucción que ha dejado a su paso a más de una treintena de hermanos muertos, así como a heridos y encarcelados, algunos de nuestra Parroquia. Con todas sus familias queremos manifestar desde aquí nuestra solidaridad.

En el sermón de las Bienaventuranzas que acabamos de escuchar, Jesús nos pide construir un nuevo modo de convivencia. En las cuatro primeras  bienaventuranzas, se nos exhorta a vivir la pobreza, la tristeza, el desprendimiento, el hambre y la sed de justicia, pero desde los ojos de Dios. En las otras cuatro se nos propone construir el Reino de Dios desde la paz y la justicia.  Bienaventurados los que trabajan por la paz…

Aquellas palabras iban dirigidas a quienes, como nosotros, deseaban seguir a Jesús. Y esas mismas palabras nos mueven a nosotros, como católicos y miembros de esta Parroquia, a comprometernos en esta tarde por el trabajo en favor de la paz. Paz que no es paciencia ni conformismo, sino la búsqueda creativa de los mejores caminos para una convivencia fraterna estable y duradera que se edifiquen en la justicia, porque, como repetía tantas veces Juan Pablo II, “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”.

Para poder ser constructores de paz, como nos pide Dios, hay que abordar frontalmente la raíz de esta violencia, las causas principales de nuestra situación. Es claro que las causas son dos, como nuestros Obispos han manifestado en sus últimos comunicados: la reelección presidencial impuesta sin claridad legal ni acuerdo mayoritario, y la falta de certeza en los resultados electorales oficiales de los recientes comicios electorales como resultado del retraso y oscuras acciones fraudulentas denunciadas por organismos nacionales e internacionales.

Reelección ilegítima y fraude electoral, he ahí los dos temas centrales que si queremos avanzar hacia la paz, no podemos dejar de abordar. Ellos son la causa de los enfrentamientos y conflictos desde el 26 de noviembre pasado. Como dijeron nuestros Obispos, el diálogo “necesita tener objetivos palpables para resolver los asuntos fundamentales de nuestra sociedad y con compromisos concretos”. Nosotros desearíamos que estos dos asuntos sean abordados por una mesa de diálogo con los actores adecuados y los mediadores de alta credibilidad que sean capaces de convocar, presentar una agenda consensuada y llevar a las partes a compromisos concretos. Deseamos que este diálogo urgente se establezca pronto, porque el pueblo está sufriendo la inseguridad e inestabilidad.

La paz es fruto de la verdad y la justicia, como nos dice Isaías (Is 32, 17). “La obra de la Justicia será la Paz y los frutos de la Justicia serán la tranquilidad y seguridad para siempre.” Y en ese sentido nos preocupa, el clima de inseguridad que viven personas y hogares en los barrios y colonias de nuestra Parroquia y país, especialmente los más jóvenes. Con tristeza comprobamos cómo hemos vuelto a viejas prácticas violatorias de los derechos fundamentales que parecían abolidas después de los gobiernos militares y  la Constitución de 1982. Y como cristianos, es importante recordar una vez más, que la persona humana debe ser respetada, no sólo por ser sujeto de derechos inalienables sino, además por ser hijo de Dios.

Toda persona, -dice el artículo 68 de nuestra Constitución,- tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral. No debe ser sometido a torturas, penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano. Y este derecho al respeto a la vida humana debe ser mantenido vigente en medio de los conflictos como también las estrictas normas que prohíben el ingreso al domicilio del artículo 99 de la Constitución y reguladas además por los Artículos 177, 211 y 216 del Código procesal penal de nuestro país. Nos consta que estos artículos han sido violados, que hay personas en prisión acusados con pruebas simuladas o testimonios falsos. No se podrá construir paz sobre la mentira o el poder de la fuerza.

Hoy celebra toda la iglesia la conversión de S. Pablo. Un fenómeno inaudito y sorprendente que cambió para siempre el rumbo de la vida de aquel hombre. Judío nacido en la ciudad turca de Tarso y educado en los principios conservadores del fariseísmo, solo tenía un único sueño: acabar con el grupo de cristianos de origen judío que predicaban a Jesús como el Mesías esperado. Pero, de repente, tras experimentar aquella luz que lo deslumbró en el camino a Damasco, se convirtió en el gran apóstol del cristianismo entre los paganos. Gracias a su conversión el Evangelio se expandió por Siria, Asia Menor, Grecia y Roma.

Y es que el camino de la paz, al que hoy se nos invita, pide un cambio, una transformación, en todos. La paz es una gigantesca tarea que para ser posible necesita una conversión de sus protagonistas. El primer escalón de esta conversión es aceptar la verdad. Por encima de todo proyecto de paz, ha de brillar la verdad. Como decía el mismo Papa Juan Pablo II, la violencia se impregna de mentira y tiene necesidad de la mentira, procurando asegurarse una respetabilidad en la opinión mundial, a través de justificaciones totalmente extrañas a su propia naturaleza y, por lo demás, frecuentemente contradictorias entre ellas mismasLa verdad, dice Jesús, nos hará libres. Y nos permitirá construir una convivencia justa y participativa.

Felices quienes tienen hambre y sed de justicia, dice Jesús. Que la luz de la verdad ilumine nuestro país, y nos ilumine a nosotros, como resplandeció sobre el rostro de Pablo, para que podamos vivir la bienaventuranza de los pacíficos y para que la justicia se crezca y se desarrolle entre nosotros, hasta que “la misericordia y la verdad se encuentren, la justicia y la paz se besen” (Sal 85,10).

Que así sea.

Comparte en redes sociales...
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter