A nuestras y nuestros hermanos afectados por la tragedia en Tlahuelilpan; a las autoridades

21 de enero 2019

“La pobreza no es buscada, sino creada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que son siempre pecados, que involucran a tantos inocentes, produciendo consecuencias sociales dramáticas”. (Papa Francisco)

Los Jesuitas de México nos unimos a la pena que embarga a decenas de familias de la comunidad de Tlahuelilpan, Hidalgo, que sufren la muerte o desaparición de sus seres queridos, luego de la tragedia por la explosión de un ducto perforado de Pemex.

Elevamos nuestras plegarias y expresamos nuestra solidaridad, en comunión con lo expresado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Las causas

La tragedia que embarga a todo México es resultado de la corrupción y la indiferencia de autoridades y grupos criminales -incluidos los de cuello blanco y políticos de todos los niveles- que por décadas han sumido a millones de mexicanos en la pobreza y en la falta de oportunidades para desarrollarse plenamente. Lo anterior profundiza el deterioro del tejido social y es la chispa que propicia actos desesperados por parte de nuestros hermanos más necesitados.

Aunque se deben de deslindar responsabilidades por los lamentables hechos, el verdadero problema es estructural. Esperamos, también, que se resuelva la falta de protocolos de seguridad y de operación, para evitar que se registre otra tragedia similar.

Comentando a San Pablo (1Cor 12,21), el Papa subraya “cuánta distancia existe entre nuestro modo de vivir y el del mundo, el cual elogia, sigue e imita a quienes tienen poder y riqueza, mientras margina a los pobres, considerándolos un desecho y una vergüenza”.

Tenemos la esperanza de que entre los mexicanos prevalezca el sentido de comunidad y solidaridad con nuestros hermanos más necesitados. Es ante estas tragedias cuando, a pesar del dolor, del enojo y de las diferencias, debemos de involucrarnos en la reconstrucción ética, moral y espiritual de nuestras comunidades, de todo México.

Reiteramos que todas las obras jesuitas: sociales, espirituales y educativas, seguirán trabajando para la sociedad y mantienen sus puertas abiertas para colaborar con las autoridades en beneficio de los y las mexicanas.

 

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